Política exterior del nuevo presidente azteca. México Primero, México primero

AMLO, Andrés Manuel López Obrador, él 1Y El pasado mes de julio, recibe oficialmente pedidos de México este 1Y Diciembre de 2018. Su victoria, la de un nacionalista progresista, en contraste con otros resultados electorales en América Latina, generó muchos comentarios. Chirriante a la derecha, oxigenante a la izquierda.

AMLO, ¿lanzará a México a una diplomacia agresiva hacia Estados Unidos, como lo denunciaron sus opositores conservadores y como preconizaban algunos de los que aplaudieron su victoria sobre la valla de enfrente?

Sin duda, ambos quedarán decepcionados. La reflexión sobre el vínculo diplomático impuesto por el vecino del norte, AMLO, ya ha puesto de relieve la punta de la nariz de una política exterior, más pragmática que ideológica, más nacional que revolucionaria.

El corazón de su software es principalmente y quizás solo mexicano. La quatrième révolution qu’il propuesto à ses concitoyens reposo sur trois pères fondateurs, tous mexicains: Miguel Hidalgo qui a poussé le cri de indépendance en 1810. Benito Juarez qui a rompu les liens avec le Vatican, et libéré le pays des envahisseurs French. Federico Madero, quien, impulsado por un pedido de transparencia democrática, silbó el inicio de la revolución mexicana. A menudo mencionado en sus discursos, Lázaro Cárdenas también es un referente importante. Es el padre de la independencia energética y petrolera.

Estos padres republicanos son intocables. AMLO reclama su legado. Para prolongarlo, también para devolverlo a sus virtudes olvidadas. El México de AMLO no tiene inspiraciones lejanas. Nunca mencionó a Marx ni a Lenin en sus discursos. Nada más que Haya de la Torre, Farabundo Martí, Sandino, Perón, Che Guevara, Fidel Castro y Hugo Chávez. Ni siquiera Lula, Correa, Evo Morales y menos los personajes históricos del socialismo democrático europeo. Alcalde de la Ciudad de México, de 2000 a 2005, casi nunca salió de su ciudad. Negarse a gastar un peso para conocer a sus contrapartes, sean quienes sean. Gasto innecesario en turismo político, explicó en ese momento.

Las únicas excepciones de su última campaña presidencial, algunas visitas a mexicanos que emigraron a Estados Unidos, una visita a Londres a Jérémy Corbyn, ciudadano laborista, casado con un mexicano, un viaje a Sudamérica. Conocer a dos jefes de Estado representantes del progresismo moderado: Michelle Bachelet, quien aún estaba a cargo de su país, Chile, y Lenin Moreno, el asesino de Rafael Correa en Ecuador.

Procedente del histórico PRI (Partido de la Revolución Institucional), AMLO asume sus valores y principios: nacionalismo, no intervención afuera, transparencia democrática y compromiso social adentro. Todas las cosas que se recordarán en la “constitución moral” que él desea que se adopten lo antes posible. Defender los valores mexicanos en la diplomacia significa volver a una práctica clara de la doctrina Estrada. Genaro Estrada, canciller, teorizó en la década de 1930, bajo el revelador nombre de “Doctrina Mexicana”, la necesidad de su país de defender la no injerencia y la soberanía. Así lo recordaron diputados de derecha (miembros del PAN, Partido Acción Nacional) que blandieron pancartas en el hemiciclo pidiendo que no se invitara a Venezuela a asumir el cargo de AMLO. México, les dijeron, debe tener relaciones adecuadas con todos los estados del mundo, sea cual sea la dirección de su gobierno. Por lo tanto, se invitó a Venezuela, como a todos los estados, a asumir este cargo.

También lo es la Estados Unidos de Donald Trump con la que AMLO ha establecido una relación basada en la “política real”. Esto permitió, contra viento y marea, fabricar un compromiso que validaría la perpetuación de un acuerdo económico, tras el TLCAN. Llamado T-Mec en la Ciudad de México y USMCA en Washington. ¿Y quién podemos decir que pueda ayudar a construir un nuevo acuerdo que resuelva la espinosa cuestión del control de los flujos migratorios y la frontera común? La delegación de América del Norte se espera el 1Y Diciembre de 2018 en la Ciudad de México será sin duda el más impresionante con más de 200 personas.

México primero, entonces. Aún habrá que persuadir al cuerpo diplomático. Los altos funcionarios, descontentos con los recortes salariales resultantes del drástico recorte en la asignación presidencial, han optado por que algunos se jubilen y reclamen sus derechos de pensión.

Reinaldo Tobar

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